Estos días he estado siguiendo con especial interés el caso Palma Arena.
Los motivos son varios: Para empezar es un caso de corrupción ocurrido en mi querida ciudad, lo cual si ya te duele que lo hagan en algún sitio medianamente lejos te duele mucho más que pase al lado de tu casa. El segundo motivo es porque uno de los implicados e imputados ha sido jefe mío (y me trató bastante mal, por cierto) por lo que quería ver que (muy merecido) castigo recibía…
Y el tercer motivo es porque todos los mallorquines (y más concretamente los palmesanos) veíamos esa monstruosidad de (no)velódromo sin acabar y ya nos imaginabamos que ahí había pasado algo con el dinero… era un secreto a voces y si han actuado ahora era porque el tema cantaba demasiado. Eso hace que dude sobre todos esos pequeños casos de corrupción que se hayan podido producir y hayan sido realizado por políticos inteligentes que, en vez de dar el cante, hacen pequeños actos de guante blanco.
¿Pero sabéis que es lo que me fastídia de todo? que haya algunos políticos que tengan la cara de justificar sus actos, o incluso negarlos aunque TODAS las pruebas apunten hacia ellos.
A cada uno allá su conciencia. Yo con este caso me enteré de que el Karma existe, porque el que me trató como un objeto ahora está pagando por ello, si no es con cárcel o con multa al menos es con la verguenza de tener que decir que tiene antecedentes penales.
Que lo más seguro que al final salgan libres y sin pena, pero ya todos sabemos que son unos chorizos todos estos. Y así si tenemos un poco de memoria ya sabremos a quien no hay que votar dentro de unos años…




